Cuando querer, no siempre es poder

“A quien madruga, Dios le ayuda”, “a la tercera, va la vencida” fueron algunos de los refranes populares que influyeron de alguna manera en nuestra educación, muchos de ellos ciertos y otros no tanto. Hoy me gustaría que reflexionemos sobre el dicho “Querer es poder” y te contaré por qué te invito a ponerlo en duda. 

Es difícil imaginar que exista persona que desee ser infeliz, que quiera ser abusada, que quiera ver sufrir a sus hijos o quiera fracasar. Posiblemente mi idea pueda ser rebatida por alguien con el argumento de “es que no lo quieren con toda la fuerza”. Dudo mucho que esa sea la razón, ya que la gente sí sabe realmente lo que quiere. Lo que sucede es que muchas veces se encuentra atrapada en una realidad que no puede cambiar.

Tuve la oportunidad de estudiar comportamiento humano con autoridades mundiales en la materia y, gracias a ellos, aprendí cómo funciona la mente y por qué no es del todo cierto que querer es poder.

La relación del inconsciente y el consciente
De un modo resumido, tenemos que saber que nuestra mente tiene dos partes, el consciente, que reside en la parte frontal, y el inconsciente, que reside en partes más antiguas de nuestro cerebro.
El inconsciente es el repositorio de todas las creencias y experiencias que vamos adquiriendo de pequeños. En él, se encuentran guardadas las ideas de lo qué somos capaces de hacer, lo qué merecemos y no merecemos. En definitiva, en el inconsciente reside la mayor parte de nuestra historia. Casi el 95% de nuestras decisiones están determinadas por esta información, según los estudios.

Proponernos algo es un acto del consciente. Solo los humanos podemos imaginar el futuro y ponernos en movimiento para conseguirlo. El problema se presenta cuando nuestra mente presenta una inconsistencia. Ésta se produce cuando lo que nos proponemos se contradice con la idea de lo que soy capaz, que se encuentra grabada en el inconsciente. Así, si mañana me propongo empezar un nuevo negocio y la historia que tengo grabada en mi inconsciente señala que no soy capaz, eso genera una inconsistencia y, por lo tanto, mi mente encontrará formas creativas del bloquear mi deseo y, por más que quiera, será muy difícil lograrlo.

Así se origina la información en nuestro inconsciente
La realidad es que nosotros no tenemos control sobre la información que recibimos de niños. Simplemente, se va acumulando. En países latinoamericanos donde el sarcasmo y la burla forman parte de nuestra cultura, es común escuchar frases dichas con mucho cariño pero igualmente dañinas como: “No seas tontito hijito”, “si no fueras tan distraído”, “es que eres malo en matemáticas”, “como si ganar dinero fuera fácil” y muchísimas más que, desde chico, asumimos como ciertas. Toda esa información fue guardándose en alguna parte de tu cabeza y, cuando enfrentas un reto, tu inconsciente responde si estás a la altura de la exigencia que te estás poniendo. Es por ello que no siempre querer es poder, ya que esto va a depender de si tu inconsciente acepta que estás a la altura de tu deseo.
Alguien me puede decir que no hay nada que hacer ante esta realidad descrita. Pero sí hay un camino, que pasa por ser conscientes de qué limitaciones podemos tener grabadas y desconocemos.

Un método para superar la inconsistencia
El método que propongo es simple. Consiste en hacer un listado de recuerdos no tan agradables de nuestro infancia, no importa el número. Una vez que tengas el listado elaborado, asocia qué creencia pudiste haber creado a partir de esa experiencia. Esto es lo que los especialistas reconocen como hacer consciente nuestra incompetencia. Después, analiza si tiene algún sentido lógico que se convierta en un freno para lo que quieres lograr.

Aprender la función del inconsciente implicó una gran responsabilidad para mí. A partir de ese día, cada vez que voy a educar en algún tema a mis hijos, primero pienso en las creencias que podría crearles; en si les estoy fortaleciendo su autoestima o estoy destruyéndosela.

Esto me llevó a darme cuenta de la gran responsabilidad que tenemos con las personas que nos rodean. En nuestras manos, está la responsabilidad de cuidar su autoestima para que cuando quieran, realmente puedan.

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